Cuando era adolescente y me terminaba un libro que me había gustado mucho, no me atrevía a empezar otro, porque pensaba que era inevitable que me decepcionara. Al final, acababa leyendo otros, claro, porque me daba cuenta de que, si no lo hacía, me podía perder otras historias igual de buenas. O incluso mejores.

Algo así me ha pasado con esta novela, que devoré más que leí, pero que me ha lanzado a un desierto lector del que, poco a poco, voy saliendo. Supongo que me ha costado volver a la realidad, después de sumergirme en la vida de los habitantes de ese orfanato en mitad de una isla (rodeada del mar más azul del título) a la que llega Linus, un trabajador social de vida mediocre pero entregado a su trabajo y de buen corazón. Su tarea allí es comprobar si todo va bien en ese lugar tan mágico como los niños que lo habitan, a los que poco a poco va descubriendo, mientras empatiza con ellos, diría que tanto como he empatizado yo con él. Me ha parecido un libro delicioso, que te aprieta el corazón y te hace sonreír de bonito.

Deja un comentario